Colazo a Calderas: una aventura no planeada con Ciclistas del Sur Guatemala

Este colazo a la Laguna de Calderas con Ciclistas del Sur fue diferente, en primer lugar porque no era el plan original y segundo porque fue una buena bautizada para quienes llegaron por primera vez.

Para este sábado se había programado una nueva edición de la «Vuelta al mundo«, un clásico urbano con algo de terracería, que lleva al grupo a pasar por varios lugares como la Zona 21, Chichimecas, Villa Hermosa, Villa Canales y más.

(Foto: Alejandro Martínez)

Sin embargo, por factores de lluvia desde la madrugada se le hizo imposible al guía principal del colazo llegar a buena hora. Ya en el punto de reunión se decidió cambiar ligeramente el recorrido y surgió la idea de ir a Laguna de Calderas, es una aldea muy cerca del Volcán Pacaya.

(Foto: Omar)

Colazo en bici a Laguna de Calderas

Ese día se unieron al grupo dos nuevos integrantes, una entusiasta señorita y un joven llamado Wil. Justo después de las indicaciones partimos hacia el Relleno, en Amatitlán.

Después de avanzar y llegar hasta el Relleno descansamos un poco y nos refrescamos para luego continuar sobre la carretera asfaltada hacia donde hay un entronque, en la famosa Ceiba. Como dato curioso, en #CDS por lo general hay parada en donde hay una ceiba, casi siempre son los parques centrales de los municipios.

(Foto: Luis Valladares)

En esta carretera tuvimos oportunidad de pedalear y avanzar con bastante velocidad, acelerando y sintiendo el viento conforme avanzábamos.

De este punto de la ceiba, en adelante fue solo subir, subir y subir. El primer tramo fue de asfalto hasta cierto momento porque empezaba el camino ancho pero de tierra y piedras grandes.

El descanso en Laguna de Calderas

Después de mucho pedalear para arriba, un par de fotos y una que otra empujadita de bici llegué a donde estaba el grupo reunido, ya con la vista puesta en la laguna porque ya casi alcanzábamos la meta. A partir de ese momento vendría un descenso en camino ancho de entrada a la aldea.

(Foto: Omar)

Ya en el poblado nos acercamos a una tienda a refrescarnos y comprar algunas viandas (jaja) para ir a descansar a la orilla de la laguna. Eso hicimos, aprovechando que el sol se había escondido detrás de unas amenazadoras lluvias muy grises.

(Foto: Alejandro Martínez)

Esto mismo nos hizo decidirnos a regresar cuanto antes porque se escuchó el clásico «el agua ya está puesta».

(Foto: Alejandro Martínez)

Mi doble pinchazo

Como bien es sabido, los pinchazos son algo normal en un recorrido. Lo que no lo es tanto es que sea en la misma llanta, de la misma bicicleta, como en mi caso. El camino de regreso hacia la carretera principal era solo bajada, de nuevo en partes muy cortas con asfalto o adoquín y el resto solo tierra y piedras.

Yo iba despacio, porque estoy trabajando en el temor a la caída, como la que tuve en la Ruta del Pez, y por eso creo que en alguna piedra grande el aro mascó el tubo de mi llanta y se pinchó. Como siempre llevo herramienta y tubo de repuesto, lo cambié bajo la supervisión de don Juan de Dios, ya que éramos los últimos dos del grupo.

Después del cambio y retormar el camino me di cuenta que nuevamente llevaba la llanta desinflada y tomamos la decisión que JD seguiría la ruta y yo seguiría caminando, en una de esas pasaba algún pickup que me diera jalón para abajo.

Suspensión»babeando» después del primer descenso. (Foto: Omar)

Así fue, afortunadamente un señor de manera muy amable me ofreció llevarme en su carro a donde estaba el resto del grupo. Con ayuda de Omar y Alejandro salió, ahora sí, la reparación con parche del tubo que coloqué.

Un regreso bajo la intensa lluvia

En el camino de regreso, una parte del grupo decidió irse buscando Playa de Oro y cuando íbamos a medio camino empezó a llover muy fuerte. Cuando llegamos al comienzo de la cuesta de tierra, ya estaban bajando ríos de agua chocolatada. Qué más daba. Había que seguir pedaleando porque esa lluvia no se detendría.

Fue una experiencia diferente, que me recordó mis años en los scouts cuando bajo la lluvia seguían las actividades y competencias.

¿Qué aprendí en este nuevo colazo?

Primero, que debo revisar el tubo que llevo de repuesto. Creo que en segundo lugar aprendí que poco a poco venceré el temor a la caída en bajadas de terracería, para controlarlo a mi favor. Pan para tu matate, me recordaron.

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