Una tarde de lluvia inesperada en Green Rush

Una salida ecológica a Green Rush

Ese fin de semana como cosa extraña no prestamos atención al pronóstico del clima y así nos fuimos con Nidia a Green Rush. De ese parque ecológico solo información era lo que teníamos, pero las ganas de ir a visitarlo era muchísimas y así como lo dispusimos, fue así como lo hicimos.

En este viaje nos olvidamos del frío de Chimaltenango y fue hacia el oriente que embarcamos nuestra aventura.

Con muchos deseos de ir a ver a los venaditos, caminar y pasar un día diferente tomamos rumbo hacia nuestro destino.

La bienvenida en el parque

Desde la entrada, los trabajadores del lugar nos saludaron con amabilidad e indicaron el lugar del estacionamiento de vehículos. Allí ya se sentía el frío característico de Carretera a El Salvador, ya que una que otra capa de niebla se dejaba ver por encima del bosque de pino. El sol allí estaba, iluminando el día pero veces ese escondía, algo nos estaba avisando.

El parque te brinda varias opciones para las actividades, tú eliges qué hacer. Nosotros compramos el que incluía la entrada, el recorrido por el sendero de los venados de cola blanca y un paseo a caballo.

La tirolesa o canopy* era demasiado extrema para nuestro gusto, el tiro con arco no nos llamó la atención y realmente el paseo a caballo era algo que queríamos hacer desde hacía mucho tiempo.

¡A caminar se ha dicho!

Iniciamos a caminar, a eso íbamos,  pues estar en el bosque, entre la naturaleza y respirar aire puro era algo necesario para dejar por un lado las preocupaciones cotidianas.

Es por eso que escuchar el aire pasar por los árboles, los pájaros cantando y aislarnos del ruido citadino por al menos una tarde es algo muy valioso en nuestros tiempos.

En la caminata por el sendero encontramos unas cercas de madera, en uno de los extremos tenían gradas por las cuales debíamos pasar hacia el otro lado. Estas sirven para mantener el santuario de venados. Es decir, estos animales están libres, pero en un ambiente controlado para evitar la depredación, ya que pertenecen a una especie que se encuentra amenazada por la cacería.

Paseo a caballo en Green Rush

Pasado el tiempo llegamos a los establos para solicitar el paseo a caballo. Nuevamente unos jóvenes muy amables nos atendieron y dieron las indicaciones para dirigir a los equinos. Ninguno de los dos había montado y menos, llevado las riendas de un caballo.

Afortunadamente, los apacibles caballos ya conocen el camino. Están entrenados para no dirigirse a otro lado, pero tienen un distractor: la abundante hierba y hojas en el camino.

Es allí cuando hay que tener fuerza en los brazos para indicarle que es momento de continuar caminando y que deje de comer, ¡porque eso hacen! Se estacionan a comer si se los permites y quién los mueve.

Cuando pasamos cerca de los venados, nuestro guía nos indicó que se encontraban en tal dirección, y fue así como pudimos verlos. Se veían sanos, fuertes, saludables a simple vista. Nos comentó que hacía poco tiempo había nacido uno y que el macho se podía reconocer por su incipiente cornamenta.

Al regresar de la cabalgata tuvimos la oportunidad de alimentar al caballo de nos transportó. Una experiencia única, porque es impresionante ver el tamaño de los dientes de un caballo tan cerca, ya que la zanahoria que debíamos darle de comida era así, de la mano directamente a su hocico.

paseo de caballos en green rush
Alimentado al caballo. (Foto: Luis Valladares)

¡Y el agua llegó con todas sus ganas!

Terminado esto, decidimos seguir conociendo el lugar. Nos quedaba seguir caminando. Avanzamos aproximadamente medio hora, cuando sin piedad cayó una lluvia continua e intensa que según nosotros pasaría  rápido.

Eso no pasó. Antes de seguir en medio del bosque mejor iniciamos a caminar sobre nuestros pasos para encontrar refugio bajo techo. Lo hallamos en el restaurante del lugar, que es el punto más alto, desde donde se puede admirar un impresionante paisaje.

Almorzamos en paz. La lluvia incrementó su fuerza y esperamos de nuevo a que amainara. Tampoco en esta ocasión sucedió eso. Ya decididos a irnos, nos hicimos de unas bolsas plásticas lo suficientemente grandes como para hacernos una especie de chalecos que nos protegieran de mojarnos (otra vez).

Y el agua siguió y siguió y siguió

Fue así como llegamos empapados al carro. En lo personal, recordando los campamentos con los scouts en los que debías guardar tu ropa de recambio entre bolsas plásticas porque después de una torrencial lluvia, es más que seguro que estarías agradecido de haberlo hecho.

*Se trata de un cable de acero por el que te lanzas sujeto a una polea, recorriendo una considerable distancia por los aires. Hay otras acepciones como garrucha o simplemente polea.*

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